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Libertad Real Y Total

  • La situación en Grecia es sencillamente insostenible, a las fuertes medidas antisociales ya tomadas que han dejado más de cien años de luchas ciudadanas sin sentido, se suman nuevos impuestos y presiones fiscales así como el despido de 20.000 funcionarios.

  • Angela Merkel y Sarkosy se han acelerado el paso para dar el enésimo rescate económico a Grecia, todo para salvaguardar los intereses bancarios que sus principales bancos tienen con el país heleno, si Grecia no paga la deuda, importantes bancos franceses y alemanes podrían entrar en quiebra.

  • Ese dinero que nuevamente le será entregado a Grecia, es un dinero que solo servirá para pagar la deuda, no para mejorar su situación social, un dinero que aumentará el insostenible agujero que este país tiene, dinero que da el estado alemán y francés para que finalmente pasa la las manos privadas de los bancos de sendos países.

  • Es común considerar que la inflación es el aumento del costo de la vida, o del valor de las cosas que se compran con dinero. En realidad, si bien es cierto que la inflación hace que la vida sea más cara, no se trata de que las cosas valgan más, sino de que el dinero vale menos. Es decir, que la inflación es la pérdida de valor real del dinero. Lo que se considera una inflación normal varía según el país y la época, y lo que se denomina hiperinflación, también. Así, se menciona como hiperinflación una tasa del 100% anual pero también una tasa, mucho mayor, del 50% mensual, cifras absolutamente inimaginables en la mayor parte del mundo desarrollado, pero que se han multiplicado con creces en algunos lugares y en algunos momentos históricos.

  • Las causas últimas de la hiperinflación pueden ser muchas, pero la causa inmediata siempre es una pérdida de valor de la moneda provocada por el exceso de ésta sin un respaldo real detrás. Una inflación del 3%, considerada normal, supone duplicar los precios cada 23 años. Una inflación del 10% anual, considerada muy alta por cualquier economía desarrollada, supone duplicar los precios cada siete años. Cuando los precios suben un seis por ciento mensual, acaban duplicándose al cabo de tan sólo un año. Es decir, pasados doce meses, la moneda vale exactamente la mitad que a principios de año. Si un kilo de azúcar cuesta 100 en enero, en diciembre costará 200. Tirando hacia arriba, una inflación de cuatro dígitos (un mil por cien en adelante) supone multiplicar los precios al menos por diez cada año. A partir de ahí, cada cero en la tasa de inflación es un cero más en el precio de las cosas cada año. Los casos que vamos a ver superan con creces esas cifras, de todas maneras. Ahí va el top 5 de la hiperinflación.

  • La moneda griega empezó a perder valor a pasos agigantados durante la ocupación nazi del país en la II Guerra Mundial. En 1940, y debido precisamente a la guerra, el estado heleno entró en un déficit brutal, que fue financiado por el Banco de Grecia imprimiendo más dinero. Cuando en 1941 el país fue ocupado por los alemanes, el gobierno títere impuesto al país gastaba aproximadamente entre dos tercios y tres quintos de los ingresos en mantener a las tropas alemanas. La financiación del déficit siguió corriendo a cargo de la impresión de papel. En 1943 los griegos empezaron a rechazar los dracmas como moneda válida y la espiral inflacionista se convirtió en imparable; para ese año los ingresos del Estado suponían tan sólo un 6% del total de gastos. En octubre de 1944, cuando el gobierno en el exilio tomó el control de Atenas, el déficit presupuestario anual del estado griego era del 99,4%; la inflación mensual alcanzó el 13.800%, con los precios doblándose cada cuatro días, y otro 1.600 % al mes siguiente. Se calcula que en 1938 un billete cambiaba de manos de media cada 40 días. En 1944 ese periodo de tiempo se había reducido hasta las cuatro horas. La situación tardó años en estabilizarse (poco después estalló una guerra civil en el país), y la mayor parte de la población siguió usando metales preciosos o moneda extranjera para sus intercambios.

  • Es uno de los casos más conocidos y estudiados de la Historia. El origen de la hiperinflación fueron las desmesuradas reparaciones de guerra exigidas a Alemania tras la I Guerra Mundial. La cifra exigida sobrepasaba con creces las reservas de oro y moneda extranjera de Alemania, por lo que el país procedió a comprar divisas en el mercado internacional, lo que redujo rápidamente el valor de la moneda desde los 8 marcos por dólar de 1919 hasta los 330 de mediados de 1922 y los 8.000 de finales de ese mismo año. Como mecanismo de defensa el gobierno imprimió más y más moneda, lo que produjo como efecto inmediato el desplome del marco y un ascenso irresistible de los precios. En enero de 1923, cuando Alemania no pudo pagar una de las cuotas de las indemnizaciones Francia y Bélgica ocuparon la cuenca del Ruhr para cobrárselo en especies. Alemania llamó a la huelga a sus trabajadores y, para pagarles, siguió dándole a la manivela del papel moneda, lo que a su vez redundó en un aumento irrefrenable de los precios, lo que a su vez llevó a imprimir más moneda. Y así.

  • Escenas cotidianas durante la hiperinflación: arriba, un tipo usando billetes de banco para empapelar las paredes. Era más barato usarlos que el papel que se podía comprar con ellos. Debajo, una mujer usa dinero como combustible para calefacción, dado que con ese dinero no daba para comprar leña.

  • Las consecuencias de la hiperinflación alemana fueron dramáticas. Las clases medias fueron devastadas por el alza inconcebible de los precios, sus ahorros se volatilizaron y aquellos que recibían rentas las vieron convertirse en nada. Durante más de un año Alemania soportó tasas mensuales de inflación del 21% diario, lo que equivale a un 30.000% mensual, es decir, a duplicar los precios cada cuatro días y a multiplicarlos por diez cada diez días. Según pasaba el tiempo el fenómeno se fue acelerando, llegando a darse casos auténticamente extremos. En el peor periodo de la inflación, a finales de 1923, se decía que si uno pedía en un bar un café, en el tiempo de bebérselo el precio se habría doblado. A finales de 1922 una barra de pan en Alemania costaba 600 marcos, varias decenas de veces más que unos años antes. En agosto de 1923 el precio de la misma barra de pan era de un millón y medio de marcos, y para noviembre de 1923 el precio había subido hasta los tres mil millones de marcos a principio de mes, y 200.000 millones a finales. El día uno de ese mes un vaso de cerveza costaba 4 mil millones de marcos y un kilo de carne más de setenta mil millones. El precio de una onza de oro pasó de 1.300 en enero de 1921 a 370.000 en enero de 1923 y a 87 billones en noviembre de ese mismo año. El cambio frente al dólar llegó a alcanzar los 5 billones de marcos. La hiperinflación terminó con la introducción de una nueva moneda, el Rentenmark o Marco seguro, convertible por los viejos marcos a razón de un nuevo marco por cada billón, con be, de los antiguos. Una de las consecuencias más curiosas de la hiperinflación fue la aparición de la enfermedad del cero; aquellos que la padecían tenían la compulsión irrefrenable de escribir larguísimas filas de ceros.

  • La destrucción de la antigua Yugoslavia, con su rosario de genocidios y masacres, dejó también uno de los episodios de inflación más graves de la Historia. Durante los primeros noventa la recesión sacudió a la República Socialista de Yugoslavia con dureza, mandando a varios centenares de miles de personas al paro. En ese contexto se produjo la disolución del país y el inicio de las guerras yugoslavas. Una política económica errática, que, al igual que en el caso griego, combinaba enormes déficits con impresión de dinero de manera completamente artificial para pagarlos, provocó el alza de precios. Esta se vio agravada por la política de precios fijos de los bienes de primera necesidad. Los agricultores y los tenderos prefirieron no vender (o vender en el mercado negro) antes que hacerlo a los precios artificialmente bajos ordenados por Belgrado. La desaparición de la oferta combinada con una demanda creciente de esos mismos bienes fue lo que terminó de disparar los precios. Una primera reevaluación de la moneda (del orden del millón de dinares por cada nuevo dinar) no sirvió para nada. En un momento dado, de hecho, las transacciones cotidianas comenzaron a hacerse en marcos alemanes (que siguió siendo la moneda de Bosnia y Kosovo hasta la llegada del Euro).

  • Los precios se situaron fuera de cualquier control durante el último semestre de 1993 y todo 1994. El cambio con el marco alemán lo dice todo. El 12 de noviembre de 1993 un marco se cambiaba por un millón de dinares, el 15 de diciembre el cambio era de 3.700 millones de dinares, y para el final del mes había subido a los 3 billones de dinares. Otra reevaluación quitó doce ceros a la moneda (un nuevo nuevo dinar equivalente a 1 billón de nuevos dinares), pero el dinar siguió perdiendo su valor a toda velocidad. Para el 17 de enero de 1994 el cambio con el marco ya andaba por los treinta millones (treinta trillones de los nuevos dinares y treinta cuatrillones de dinares de 1992). Una nueva reevaluación creó el súper dinar, equivalente a diez millones de los dinares de tercera generación. La inflación mensual más alta registrada fue de 330.000.000% (trescientos treinta millones por ciento, sí), en enero de 1994; esto equivale a un 65% de inflación diaria, y a duplicar los precios cada 34 horas. A lo largo de todo el periodo de hiperinflación los precios subieron un 5.000.000.000.000% (cinco billones). El gobierno de Belgrado culpó de la hiperinflación a las injustas sanciones contra el pueblo serbio por la guerra de Bosnia.

  • Es el más reciente y hasta ahora el único caso de hiperinflación del siglo XXI, provocado casi en exclusiva por las políticas insensatas de la tiranía de Mugabe. La corrupción generalizada del régimen, la impresión masiva de moneda no respaldada para pagar a los funcionarios y al ejército, unidas a políticas agrarias erráticas llevaron a la pérdida de confianza en la moneda local durante 2005 y 2006. Durante ese último año los precios se multiplicaron por mil, lo que llevó al gobierno a tomar dos medidas, una, introducir una nueva moneda (nuevo dólar) en lugar del viejo dólar de Zimbabue, a razón de mil dólares por cada nuevo dólar, y dos, prohibir la inflación. El éxito de semejante estupidez fue escaso. Durante 2007 la inflación alcanzó cotas de tres cifras mensuales, y un acumulado anual del 66.000%. Pero lo peor llegó en 2008.

  • Ticket del bar de un hotel en las Cataratas Victoria en marzo de 2008. Una botella de agua mineral costaba 95 millones de dólares, y una cena diez veces más. Los 1.200 millones de dólares equivalían a 52 dólares americanos. Debajo un par de fotos que ilustran espectacularmente lo que es una moneda sin valor (fuente de las tres).

  • A principios de 2008 la moneda (nuevo dólar, recordemos) estaba tan depreciada que el gobierno imprimió billetes de diez millones de dólares, equivalentes a cuatro dólares de EE.UU., y que pronto se quedaron cortos. Con los precios doblándose cada cuatro días en abril se lanzaron billetes de 50 millones, y en mayo de 100 y 250. El fenómeno no se detuvo ni por asomo, así que en julio ya había billetes de 500 y mil millones de dólares. Pronto la cosa se desmadró más de lo imaginable, y fueron necesarios billetes de La tasa de inflación mensual en ese momento ya se medía en millones por ciento (dos millones según el gobierno, ocho millones según expertos independientes). Por hacerse una idea, eso supone multiplicar los precios por ochenta mil cada mes, lo que hoy vale cien en un mes costará 8 millones y en dos meses costará 64 billones. Una cerveza en un bar de Harare costaba el 4 de julio a las cinco de la tarde 100 mil millones de dólares, y 150 mil al cabo de una hora. Un billete de autobús costaba el doble por la tarde que por la mañana. Ese mismo mes, tras imprimir los primeros billetes de cien mil millones, se anunció un tercer dólar, con diez ceros menos que el anterior, pero la medida fue inútil.

  • La tormenta perfecta inflacionista siguió su curso; a diferencia de lo que sucedió en los casos alemán o incluso yugoslavo, los problemas de Zimbabue eran estructurales y se habían acumulado ya varios años de hiperinflación. Con una tasa de paro del 80% y salarios en billones de dólares que no alcanzaban para pagar un billete de autobús, los precios siguieron duplicándose de media cada 24 horas, y en enero de 2009 ya existían de nuevo en circulación billetes de cincuenta mil millones de dólares (equivalentes a 500 mil trillones de dólares de 2005, y aproximadamente a medio dólar americano). Posteriormente se imprimieron billetes de hasta cien billones de dólares, y se lanzó un cuarto dólar con doce ceros menos (un billón de terceros dólares por cada cuarto dólar) justo antes de que, de manera oficial, la moneda fuera abandonada y sustituida por el dólar americano y el rand sudafricano. En conjunto, un cuarto dólar equivalía a un cuatrillón de dólares pre-inflación. La tasa de inflación mensual más alta alcanzada por Zimbabue fue la inabarcable cifra de 7.96 1010 %, es decir, 796.000.000.000%, lo que suponía multiplicar los precios casi por un billón, con be, en un mes.

  • Y llegamos al caso de inflación más salvaje jamás conocido. Al finalizar la II Guerra Mundial la situación de Hungría era bastante precaria; su infraestructura estaba destrozada casi en su totalidad y la rapiña de soviéticos y nazis les había dejado tiritando; para colmo el país le debía a la URSS 300 millones de dólares de la época en concepto de reparaciones de guerra, que era prácticamente todo lo que podían obtener en metales preciosos y divisas extranjeras. Como en todos los casos que hemos visto, el gobierno pretendió solucionar el déficit imprimiendo toneladas de papel moneda para estimular el crédito barato y la reconstrucción de la economía, pero el resultado fue nefasto. Para empezar, los ahorros de la población se convirtieron en aire al actuar la hiperinflación como un impuesto revolucionario sobre la clase media, una constante en esta clase de fenómenos. La malnutrición infantil, ya erradicada en el país, volvió a aparecer al desplomarse el poder adquisitivo de las familias.

  • Billete de cien trillones de Pengs; es el billete con la denominación más alta jamás emitido. Su valor real en el momento de su emisión era apenas una milmillonésima parte de un céntimo de dólar.

  • La inundación de masa monetaria sin ningún tipo de bien tangible detrás, ya fueran metales preciosos o bienes del estado, provocó un alza incontrolable de los precios. Lo primero que desapareció de la circulación fueron las monedas, primero las de plata e inmediatamente después las de cobre y níquel, al ser los metales de los que estaban hechas mucho más valiosos que el valor facial de éstas. En abril de 1946 había en el mercado 34 billones de billetes circulando, una cifra que no haría sino aumentar. En 1941 una barra de pan costaba 1 peng (la moneda local, llamada pengő en húngaro); en abril del 46 una única rebanada costaba 450.000 pengs, y para julio la cifra había subido a los seis mil millones. Los salarios se actualizaban constantemente para ajustarse a la inflación, pero esto no hacía más que agravar la situación, porque ese sobrecoste se trasladaba al consumidor. Los tenderos y vendedores comenzaron a anticiparse a la inflación actualizando sus precios cada dos horas o menos, lo que agravó la espiral. Algunas empresas instauraron el llamado salario calórico, por el que se remuneraba a los trabajadores según sus necesidades alimenticias. Los salarios, que llegaron a ser de trillones de pengs mensuales, apenas daban para comprar nada, y la gente sobrevivió como pudo gracias a la remuneración en especie y a la ayuda de parientes que vivían en el campo.

  • En los siete meses más duros de hiperinflación, los que van de enero a julio de 1946, el poder adquisitivo real de los salarios, pese a las constantes actualizaciones, se redujo en un 85%. Los salarios se llegaron a pagar cada cuatro horas; a efectos prácticos lo peor que se podía hacer era conservar el dinero; con los precios aumentando de hora en hora conservar un billete un día era ver su valor reducido a un tercio del original. Como en la Alemania de Weimar, el trueque se impuso en algunas transacciones comerciales; los agricultores dejaron de aceptar moneda local para los pagos, lo que provocó, dada la escasez de oferta, todavía más inflación. El punto culminante de la locura se dio en julio de 1946; ese mes la inflación fue de 4.19 1016 %, en números reales 41.900.000.000.000.000%, o sea 42 mil billones por ciento. Los precios llegaron a duplicarse dos veces cada día. El final de la inflación comenzó cuando se eliminó el peng y se introdujo el florín (forint), una moneda intercambiable por oro, y, por tanto, sujeta a variaciones en el mercado internacional y mucho más estable. Es la moneda que aún continúa en uso en el país.

  • Billete de mil trillones de pengs. Aunque su valor facial es diez veces superior al de la primera imagen, nunca llegó a ser emitido, aunque sí impreso. Poco después de su impresión el peng fue retirado de la circulación. En ese momento (agosto de 1946) todo el dinero circulante en Hungría valía exactamente la décima parte de un centavo de dólar.

  • para poner su web en modo protesta contra la villanía de los políticos españoles, dirigidos por los Estados Unidos paracrear y aprobar la ley de Sinde. Código Mantenimiento 2ª parte hasta aquí -->



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